Los valores y la cultura.
La mitificación de la verdad.
A cada instante. Y , en cada uno de los pasos aleatorios de los caminantes, podemos contemplar como con cada paso se va difuminando en el espacio de la ciudad un tejido altisonante, una red sonora producida por el contacto del tacón y las lozas de concreto.
Lozas que en su existencia, atentan a la memoria de los pueblos; pero qué así mismo y en proporciones similares , estimula energéticamente la expansión de la "diversidad". sepultan ellas (las lozas del concreto), en su grosor, un millón de historias, de cuentos, incluso de mitos y leyendas. Hasta me atrevería a decir que la modernidad esconde bajo la alfombra,(a manera de inconsecuencia no prevista), todo un cementerio de verdades. Verdades que son verdades porque en esencia son construcciones sociales emitidas por la acción de crítica. Las barreras que el sistema inconsciente a creado para su preservación ,(esos aparatos ideológicos del estado que enunciaba el marxista Althusser), han sido efectivos para quebrantar nuestra acción de crítica.
Porque ciertamente la existencia o no de una "parresía" , depende netamente de nuestra construcción de "valores", que depende a su vez, de la educación y las relaciones afectivas que se le provean al ser consigo mismo, con sus allegados y con su entorno.
El desarrollo de una sociedad cualquiera, exige triste y casi que sistemáticamente la adopción de un aparato de valores, de una cultura primordial qué es el resultado de una mitificación de unos sucesos y acontecimientos, para convertirlos en realidad y más que en realidad en verdad y más que en verdad en unos principios de identificación que permite, cumplir con los términos que nos impone la sociedad a la que nos inscribimos. Ella la sociedad, establece la cultura y es desde esta misma donde elaboramos nuestros difusos y endebles valores, que en sí no son otra cosa más que: una efigie borrosa, llena de alegorías , inundada hasta el borde de las percepciones culturales de las dualidades de la ética,
Los valores como las efigies, con el paso del tiempo pierden algo de relieve. pero, siempre permanece estampada esta marca. Bien sea, como la presión que ejerce del conjunto de valores, sobre en el mecanismo de voluntad y acción en un hombre durante toda su vida. O bien sea como la denominación nominal de la moneda antes de ser fundida.
La mitificación de la verdad.
A cada instante. Y , en cada uno de los pasos aleatorios de los caminantes, podemos contemplar como con cada paso se va difuminando en el espacio de la ciudad un tejido altisonante, una red sonora producida por el contacto del tacón y las lozas de concreto.
Lozas que en su existencia, atentan a la memoria de los pueblos; pero qué así mismo y en proporciones similares , estimula energéticamente la expansión de la "diversidad". sepultan ellas (las lozas del concreto), en su grosor, un millón de historias, de cuentos, incluso de mitos y leyendas. Hasta me atrevería a decir que la modernidad esconde bajo la alfombra,(a manera de inconsecuencia no prevista), todo un cementerio de verdades. Verdades que son verdades porque en esencia son construcciones sociales emitidas por la acción de crítica. Las barreras que el sistema inconsciente a creado para su preservación ,(esos aparatos ideológicos del estado que enunciaba el marxista Althusser), han sido efectivos para quebrantar nuestra acción de crítica.
Porque ciertamente la existencia o no de una "parresía" , depende netamente de nuestra construcción de "valores", que depende a su vez, de la educación y las relaciones afectivas que se le provean al ser consigo mismo, con sus allegados y con su entorno.
El desarrollo de una sociedad cualquiera, exige triste y casi que sistemáticamente la adopción de un aparato de valores, de una cultura primordial qué es el resultado de una mitificación de unos sucesos y acontecimientos, para convertirlos en realidad y más que en realidad en verdad y más que en verdad en unos principios de identificación que permite, cumplir con los términos que nos impone la sociedad a la que nos inscribimos. Ella la sociedad, establece la cultura y es desde esta misma donde elaboramos nuestros difusos y endebles valores, que en sí no son otra cosa más que: una efigie borrosa, llena de alegorías , inundada hasta el borde de las percepciones culturales de las dualidades de la ética,
Los valores como las efigies, con el paso del tiempo pierden algo de relieve. pero, siempre permanece estampada esta marca. Bien sea, como la presión que ejerce del conjunto de valores, sobre en el mecanismo de voluntad y acción en un hombre durante toda su vida. O bien sea como la denominación nominal de la moneda antes de ser fundida.
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