domingo, 13 de julio de 2014
PARA RODRIGO LOPEZ
Después de todo para qué pararse, esa era la única constante en la mente de Rodrigo y es que ¿acaso tiene sentido para algún mortal abandonar el confort?, ¿qué sentido tiene el hacerlo? para qué pensar en moverse de donde estaba reposando, si el solo hecho de estar abrigado entre las delicadas mantas que calentaban su cuerpo en medio del mecer de una hamaca de doscientos mil y un colores de olvido. Ninguna persona se pondría de pie únicamente por quebrar el placer de tan buen descanso, nadie dejaría semejante comodidad, al menos no sin un motivo.
-Tengo que ir a trabajar, (Ese fue el detonante). Bañarme, vestirme, tomar un ligero desayuno, después un trago y directo a la oficina, ¡Directo a trabajar!, solamente después de que el fuego se tragase toda la mecha y se reunieran todas las fuerzas necesarias, únicamente después de que Rodrigo empezara a desenterrar vigorosamente su cuerpo de toda la tonelada de cobijas que llevaba encima, inclusive después de que utilizara sus manos con el fin de quitar toda la montaña de lana que tenia sobre la cabeza en un intento de liberarse de la holgazanería, de que en su quinta batalla contra el aire en la desesperación de extraer el ultimo ropaje que le cubría la cabeza, «el que no únicamente ensombrecía su afán por el oxigeno primigenio de la mañana sino que peor aún afectaba su empresa contra la pereza en virtud de empezar a trabajar» .
De manera automáticamente ulterior al final de la soga, esa que llevaba el fuego entre sus cordeles hacia a la dinamita, Únicamente después de toda esa rutina. Rodrigo explotaría, dejando de esta manera la puerta precisa para que la angustia y miedo se personificaran en verdades tan hirientes que lo condenarían a quemarse las neuronas por la confusión que le producían las tinieblas, un incendio que lentamente solo pudo ser sofocado entre los temblores de un cuerpo exhausto por la calamidad y el océano de lágrimas frente a la a su cara que fue formado por el impacto de la explosión de semejante redescubrimiento.
En el momento que su cuerpo descansaba de todo la agitación producida procedió a secarse las lágrimas que aún quedaban en su rostro con sus manos, sentía su carne tan pesada y la piel tan suave y llena de arrugas cosa que empezaba a darle algo de luz entre tanta confusión.
La idea de entretenerse y tratar de recordar algo de su juventud, no se le hizo tan descabellada al que ya mas bien poco le importaba el desayuno después de tanto alboroto, entonando en voz alta casi como si se tratara de algo normal gritar empezó a nombrar una serie de personajes que recordaba de manera presta, pero sin saber quiénes eran, solo nombres sin contenidos.
- Enrique, Carlos, Luis, Luis, Luis, cual otro más, cual otro más. tan pronto como terminaba de decir por tercera vez cual otro más. empezaría otro carnaval de emociones, primero sintió como una nueva corriente de viento secaba aun más la humedad que no terminaba de evaporarse en sus mejillas y antes de siquiera reflexionar sobre esto una cálida voz se acercaba diciéndole:
-Papá, ¿estás bien?, ¿por qué gritas esos nombres? ,
Dios mío, miren este desastre, ¿qué haces tirado en el suelo?, ¿qué te pasó? ...
Mientras que Rodrigo sentía como María lo ayudaba a ponerse erguido, escuchaba como José no hacía otra cosa mas que saturarlo de preguntas que nadie en esa casa podría contestar. Luego de que José despejara el sleeping mask del la cara del viejo, este quedó perplejo . Pues justo en el instante que su hijo deslizaba los dedos entre sus canos cabellos para soltar el seguro que aferraba el caucho de la careta a la nuca Rodrigo se percato de un grave problema; su memoria no era la misma, Aunque era insignificante ahora el olvido de llevar un antifaz puesto para dormir, este hecho desencadenó un pánico terrible el cual pudo haber sido de los sustos uno de los más impresionantes que cualquiera puede tener en la vida. Pero, el peor golpe de tan extraño día, fue sin lugar a dudas el ver a su hijo, Jose Maria Lopez Bravo, el único niño, la única bendición; pues hace tan solo un par de segundos el hubiera jurado en su ceguera que tenia dos hijos diferentes, Fue tan profunda la confusión que abrazando a su hijo, suplicaba a su hijo una explicación de lo que pasaba, José solo pudo sonreír y decirle al viejo de la manera más tierna posible:
-Eres un genio; es la hora en que aun no me explico como haces que esto tan mágico suceda, solo te puedo decir una cosa por ahora. Vamos a desayunar ya es tarde, hoy demoraste un poco mas en levantarte para ir al trabajo.
-Primero creo que tomaré un baño.
Rodrigo algo mas estable mueve la pluma de la bañera y con un poco de dificultad sumerge el cuerpo en el agua con el esfuerzo de quitar toda la suciedad producida por su batalla mañanera contra el olvido, pero mas tranquilo sonríe por primera vez en este día, es tan hermoso poder ver de nuevo. Es consciente de ser un viejo con suerte, pero hay algo que le inquieta y es saber en que trabaja, no lo recuerda lo único que tiene seguro es que debe de ser un trabajo poco convencional, pero no importa. Lo único que realmente importa en este momento es el olor del tocino, el sabor de los huevos y un buen vaso de leche.
-Viejo, Te deje el desayuno en la mesa de la cocina.
Fue lo último que escuchó de su hijo antes de que la puerta del garaje terminara de cerrarse. Estando comiendo muy a gusto, empezaba a llamarle la atención de manera particular una de las fotografías que formaban el collage familiar en la pared de la mesa y no pudo resistirse a tal tentación que se acerco hasta agarrar la instantánea entre sus manos para poder contemplarla de manera más cercana, la imagen poco a poco se hacia mas triste y el vidrio del marco se mojaba un poco,
-¿Por qué me es tan lento pensar?
¿Por qué tengo esta foto en las manos?
¿Por qué con los años no soy el mismo?,
¿Por qué vivir?
¿Para qué hacerlo?...
Tal vez mi único motivo para vivir, sean los recuerdos. Memorias que poco a poco se hacen mas débiles, lo que fue cierto toda una vida ahora están difuso y lo que no es ni fue, puede ser, no lo entiendo...
¿Por qué tengo esta foto en las manos?
¿Por qué con los años no soy el mismo?,
¿Por qué vivir?
¿Para qué hacerlo?...
Antes de caer nuevamente en un limbo y en otro estado de desesperación, fue la fortuna de encontrar entre tanto caos una chispa de lucidez lo que lo salvo, ahora los ladridos del perro de la casa le dibujaban una sonrisa.
- Se llama Jimbo, es el perro de mi nieta: una niña menudita, blanquita que me dice abuelitu feu pero que me abraza y me pide que le cuente historias que me trae una que otra cosa de su escuela y me dedica alguna que otra obra de arte de acuarela, no quiero ni siquiera pensar en verla llorar tan solo por mi muerte, es tan apegada a mi como yo de ella, solo verla reír, hace que la vida adquiera un motivo, ver su linda sonrisa.
Con el perro en su regazo y jugando con el animal, es Rodrigo feliz como nunca antes en el día, agradecido con todo, Esta agradecido incluso con esa soledad que de alguna manera sabe que terminará cuando el reloj indique que son las cuatro de la tarde, hora en que acostumbra a llegar la mujer de José María de la oficina.
Después de un largo rato tratando de distraer la mente en películas documentales de esas que tanto le gustan «de las que siempre aprende algo», decide que es hora de volver comer y estando de nuevo en la cocina esta vez de manera activa tarareando una canción y preparando una sopa a la cual en vez de echarle sal le agrega azúcar, logra ver un sobre de papel puesto casi que de manera estratégica encima de una encimera, era este un documento tan particularmente extraño que lejos de ser una broma de pésimo gusto para alguien con problemas de la memoria parecía asunto serio pues el documento se trataba de una carta donde el remitente y el destinatario era Rodrigo Lopéz Manrique.
Una carta escrita sorprendentemente con mi letra que me lleva a escribir en esta otra carta algo que se sale totalmente de las reglas de trabajo, pero que lo hago porque lo creo correcto.
pues comparado con el día de ayer, hoy estoy consciente de que mi situación es cada vez más grave, que mi vejez me hace cada vez deambular más de cerca de perder algún día la razón, que en las mañanas es mas critico el problema que en la tarde.
Te escribo querido Rodrigo para decirte que a pesar de todo aún llevamos una vida buena, que disfrutamos de las cosas hermosas. Espero que seas feliz mañana cuando se llegue la noche y veas a tu familia. Pero te pido por favor, que entregues esta carta a José Maria y escribas otra carta para mi mañana, cuéntame como fue tu día, si mejoramos un poco, si aprendiste algo viendo la televisión, pero no lo hagas por mi ni por compromiso.
En el fondo solo hazlo para sacarle una sonrisa la dueña del perro, esa niña que esta todas las noches llenándote de mimos diciéndote abuelito te quiero mucho,
para que nos recuerde después de que no podamos recordarnos entre tú y yo.
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