domingo, 13 de julio de 2014

El Justo



Y una brillante cascada de luz, lo recuerdo me bañaba y entre la frescura de sus aguas mi alma resurgía desde lo más profundo del pandemonio, pero la sensación fue instantáneamente anulada cuando vi que toda la ropa me fue despojada y que la inseguridad era lo único que sostenía seguro en el panorama de mis mañanas venideras.

-Por favor levante las manos; fue entonces lo primero que le escuche mientras sus manos ajustaban las mías al filo de los grilletes, ¡Levanta la cara y camina! Mientras los demás presentes evocaban la escena a lo más profundo de sus memorias criminales encerradas por la justicia y encadenada por sus pecados a los muros grises de las paredes de la penitencia; sin embargo a pesar de todo estar muy claro mi memoria aún estaba empañada por los últimos instantes y solo dos tenues recuerdos: la luz del coche… esa luz tan cegadora y el suave aroma de la mujer de los guantes azules , Nada más estaba aún seguro pero sabía que en ese momento lo mejor era conservar un poco la calma era lo mejor, los que de alguna manera se resistían o pedían explicaciones eran simplemente destrozados y entrados a la fuerza incluso logre ver como a uno le arrancaban un ojo con un palillo de madera, mientras los dos subordinados simplemente miraban acobardados la risa del Justo, y en medio de ese transcurrir de esa espera que me pareció tan corta pero tan infinitamente confusa me vi alojado, mi verdadera vida una celda de un metro por dos cuadrados y sus paredes eran parte del terror psicológico que se veía venir, eran todas transparentes, de tal manera que la zozobra de los débiles y el terror de los desesperanzados me era visible a mí a todos. Era esta, es esta, será siempre está El Terror del Justo, Gris y máximo castigo.

A Pesar de que la alimentación llegaba y que el trato era cordial, estaba aterrorizado, estar allí contra mis recuerdos, no saber que me depararía la mañana siguiente cuando todos los días podía ver como muchos a mi alrededor eran fusilados mientras otros tanto más salen en las mañanas pero que de volver… de volver algunos nunca lo hacían, todo era realmente incierto. Pero el Justo en medio de la noche y alrededor de tanta parafernalia y excesos que se temblaban entre lo teatral y lo demoníaco, Apareció para darnos su bienvenida a los nuevos y el mensaje a los antiguos.

-Sean todos maldecidos y siéntanse afortunados de sufrir la mayor pena… la más incierta, una condena merecida por sus animaladas afuera, el sol nunca más iluminara sus feas caras, Y lo peor es que aun en medio de tanta incertidumbre pedazos de basura sois libres en este juego de mesa donde yo soy el único justo y vosotros sois solo escoria. Ahora os recordare las reglas, como primera regla y la más importante es que ustedes tienen el deber de ser Justos, Por el bien de todo es su deber como ciudadanos. La segunda regla, es que nunca abriréis la boca en tiempo de cosecha los antiguos hablaran con los novatos al respecto. La tercera y más importante dentro de esta Jaula donde todos somos presos es deber de todos respetar y honrar, trabajar. Os recuerdo la única forma de salir de acá es remplazando ese hombre pecador y criminal por el hombre Justo que vive en vuestro interior.
De Repente y rodeado por su equipo de guardias personales, el Justo desapareció mientras caminaba por en medio de los túneles de celdas. fue casi instantáneo, en el preciso momento en el que esta figura potente desapareció, las rejas que nos separaban unos de otros se desvanecían en medio de una estela de energía. Todos se miraban, unos a otros y de repente empezaron a agruparse, todos tan distintos pero a la vez tan similares, todos uniformados. A estas alturas yo solo no me podía explicar, porque estos… todos estos, se acercaban a los otros individuos (a ellos los otros novatos, los mismos que compartían conmigo esa cara inevitable que produce la sorpresa) y a otros no. Como podrían juzgar quienes son o no mejores, eran escogidos por el mismísimo azar sin preferencia alguna más allá de una floja empatia o primera impresión y yo... Yo Aún permanecía solitario mientras las horas pasaban lentamente en medio de las burlas y golpes que se propinaban entre los reos, pasaban tan lento las horas que no fue hasta que el azul naranja del cielo se tiño en profundo violeta…que lo inquebrantable,de la paz y las risas fueron acalladas por la primera descarga de metralla,por el calor de la primera ráfaga de muerte la misma que quebranto la existencia de los que compartían mi solitaria condición, era tal mi angustia en esos instantes, que al ver la manera como los otros solitarios como yo iban cayendo uno tras otro, solo pude huir , esconderme detrás de otros. Pero, en un instante en medio de la confusión de toda la náusea escuche la voz de un reo que tomo mi brazo con fuerza, me vocifero casi que me ordeno en dos palabras, que sobreviviera, recuerdo que dijo : -Solo hazlo tu vida depende de otra.

Después de estas palabras, la adrenalina se apodero de mí, y después de tanto ocultarme ataqué al guardia que tenía más próximo, al que estaba más desprevenido después de pateare el rostro le quite el arma que sostenía en las manos justo antes de volarle la cabeza en un único y seco disparo; la sangre cubría mi rostro aterrado aun por la presión del momento a cada instante el sonido de la masacre era más ensordecedor, empezaron a matarse unos a otros y los que yo veía que antes eran acogidos en los grupos de primera opción, eran los primeros en morir a manos de los otros presos esos mismos que los invitaban, todo era bastante extraño para mi. para cualquiera. Y de casi 1500 hombres que había antes de que la muerte danzara quedaban cerca de unos 400. La carnicería fue bárbara y no freno hasta que todos los que respiraban en esta cárcel no hubieron manchado con pecado sus manos, todos éramos asesinos por sobrevivir y después del fin de la carnicería todo, volvió al mismo teatro de antes a las mismas risas y a los mismos juegos.

- Hora de la comida, vocifero un gigante, uno de los guardias que se ensañaron contra los reclusos más jóvenes y viejos en medio de la masacre. Porque todos asesinaron no hubo nadie en esa cena que no hubiese manchado con sangre sus dedos mucho menos su conciencia. En medio del banquete, dos tipos se acercaron hacia la esquina donde aún asustado por la vertiginosidad de la vida en este lugar yo permanecía únicamente con la intensión de comunicarme por medio de un papel lo siguiente:
“lo has logrado, es increíble, lo has logrado, Sobrevivir en este lugar es relativamente sencillo lo complejo es salir, para salir tienes que ser un hombre justo”. Pero entonces que sería ser un hombre justo si asesinar era lo que mantenía vivo que es la justicia, y mi nombre cual era mi nombre, ni siquiera eso tenía… ni siquiera eso… Pronto el cielo se hizo claro, y mientras algunos jugaban cartas mientras apostaban sus zapatos o las navajas de afeitar de la dotación de los que habían perecido, con el pasar de las horas el relacionarse con los demás reclusos era cosa inminente me hacían bronca algunos y otros sabían que portaba un arma que había robado de un guardia, después de hablar con algunos de los hombres que parecían más viejos me he logrado enterar de algunas cosas, Ninguno de los que acá permanecen sabe su nombre generalmente ellos se bautizan así mismos con algún mote así como también me entere que los “recuerdos” aquellos a los que me aferro, son simplemente vestigios que quedaron en la memoria "flashbacks" productos de la anestesia aplicada en medio del examen médico de entrada. Son los recuerdos del examen médico porque según explican y teorizan algunos se nos fue borrada la memoria debido a la oscuridad de nuestros actos.

Ciertamente, todos compartíamos un instinto asesino que se apoderaba de nuestros cuerpos cada vez que sonaban los primeros disparos… esas noches de masacre se repetían una vez cada tantos días los que se atrevían a advertir a los novatos eran asesinados de primeras, la mayoría de presas usaba esa estrategia escoger e integrar a los nuevos, para después asesinarlos en medio de la confusión del primer muerto. La exaltación del primer muerto nos hacía animales sedientos de adrenalina y cada vez disfrutábamos más de esto, y no importaba ver morir nuestros amigos inclusive no importaba asesinarlos, Vivíamos en medio de las traiciones y la hipocresía, lo importante era sobrevivir; Todos asesinos… Ningún Hombre justo incluso a pesar de las leyes y las promesas del tan teatral y soberbio Justo, sus palabras eran vacías un sin sentido, tiempo después la carta que creí especial, no lo era para nada a todos en algún momento de nuestra permanencia en esta jaula, se nos habría entregado esta misiva las mismas palabras, que se me hubiere entregado justo después de la cena posterior a la primera masacre aquello fue simple coincidencia, parte de un cruel juego psicológico, Las noches pasaban y yo un hombre sin pasado, sin futuro me intrigaba y me negaba a creer que no había salida ni escapatoria, las palabras del Justo, todos tenían la oportunidad de escapar de alguna manera… el juego consistía en ser justos, Con el tiempo, con los días, Unos pocos aprenden a ver que los guardias son solo parte del juego, que tampoco tienen memoria dicen ellos, pero que a diferencia de nosotros ellos tienen un arma y se encargan de hacer un simulacro de vigilancia por órdenes del Justo tanto ellos como nosotros eran prisioneros, Y aunque entre algunos en secreto podíamos compartir algunas cosas, aquellos que se atrevían de hablar con los novatos morían en instantáneo, El silencio era nuestro amigo y La Zozobra nuestra eterna compañera.

Nadie quería morir, Todos mataban solo por sobrevivir, y la paradoja entra la frase del Justo rondaba mi mente, aunque ya la mayoría de los presos que llevaban algunas rondas, algunas matanzas se resignaban a un hecho de simple supervivencia yo aún no lo comprendía, y las palabras cada vez más cotidianas del justo rondaban en mi memoria, Solo podrá salir de acá el hombre más justo, No lo lograba entender… ¿sería acaso que ese insolente genocida, el hombre que permitía la muerte de tantas personas el hombre más justo? Y Si lo era, no creo que fuera por hacerse llamar así mismo Justo o por todo el teatro de sus presentaciones, de hecho Él lo era, era justo por juzgar a todos estos criminales, criminales que por sus crueles actos debieron haber perdido la memoria, olvidarlo todo para sobrevivir en esta limitada realidad.
El tiempo era toxico y las estaciones se repetían, el tiempo se me escapaba de las manos, a mí y a otros tantos como yo… otros tantos que sobrevivieron por cerrar su boca y manchar sus cuchillos con las entrañas de otros tantos; Tantos y por tan largo tiempo. La larga condena a la que me veía sometido, martirio que se prolonga con la muerte de otros, Me llevaron a pensar que la única salida de esta jaula era la muerte… después de todo el único Justo era el que no asesinaba a tiempo, pero no era imposible…
Tanta muerte, todos culpables, todos criminales…

Ninguno llegaba acá siendo inocente o justo, nos convertíamos en esos hombres según el Justo.
Y el Justo ese miserable se dedicaba únicamente a sus teatrales presentaciones y a impartir su ley y su justicia, tan obligatoriamente injusta inhumana. Era el mayor criminal de la cárcel, y lo empezaba a notar con el tiempo. Cada día más odio hacia el “Justo”. Noche tras noche matanza tras matanza me convencía cada vez más, de que la única solución era asesinarlo así esto me llevara a la muerte. Es el día y una nueva cosecha llega, la cosecha cinco mil quinientos treinta y dos en mis cuentas. y El Justo como siempre, con su altivez y su extravagancia escupía sobre nosotros su discurso, imponiendo sus leyes una y otra vez… las tres miserables reglas inútiles de siempre, Pero después de tanto tiempo, después de tanta muerte hoy será la última, no moriré, no sin antes haberlo asesinado "era lo justo" ,y acabado de pronunciar su discurso rutinario, de escabullirse por entre los laberintos de la colmena rodeado de su séquito. Lo he logrado seguir, he ido persiguiendo sus pasos lenta y sigilosamente, antes del cataclismo que se veía llegar, antes de la próxima masacre. Dispare mi arma sin pensarlo dos veces contra su pecho.

Yo, que esperaba una ráfaga de disparos y una muerte “Heroica” solo fui arrastrado hasta una sala oscura por el sequito de seis guardias estos inmaculados entre sus túnicas blancas, llevaban entre sus bocas la tempestad temprana del silencio, todos en perpetua quietud … todos menos uno. No habrían pasado unos largos segundos, cuando el faltante retorno a la sala.
-No lo logro. Decía uno, y en ese instante en que yo veía inminente la muerte.
Los seis aplaudieron… cruelmente entendí mi destino, la eterna condena de ser ahora el Hombre El justo, Otra condena… Una nueva, solo un preso con diferente nombre, Otra marioneta más controlada por los hilos de esta telaraña. Fue entonces cuando la decepción por tal noticia, me empujo a tomar el revolver que intencionalmente fue puesto sobre la mesa en medio de esta sala oscura, con el fin de acabar con mi vida. Entonces la voz de uno de los guardas del Justo se apodero de la sala.
–No lo hagas aún, te tenemos negocio. Tienes dos opciones, ser el justo y velar por la condena y este circo de cárcel, o verlos morir a todos uno por uno. ¿Acaso los asesinarías a todos?, te aviso algunos entre los que están acá son inocentes, podrían sobrevivir, Debes confiar en nuestra palabra después de todo sabemos que hacer en estos casos y esta no es la única cárcel.

Entonces comprendí, yo no era, no había sido, ni seré.
El único justo.

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